(CARTA PARA ALUMNOS DEL TALLER DE ARQUITECTURA PARTICIPATIVA EMILIANO ZAPATA) PARTE I
- Departamento Centro

- 5 may 2020
- 6 min de lectura
09 de febrero de 2018
19 de septiembre del 2017. La arquitectura y la construcción nunca habían sido tan importantes para mi como este día. Hace una semana le dije a mi mamá que en la ciudad de México los edificios ya no se caían, que no tenía de que preocuparse; el reglamento de construcción cambio a partir del 85 “las construcciones son muy seguras, no va a pasar nada” le dije.

Estaba en Toluca con mi mamá justo cuando la tierra se sacudió y cuando nos pusimos a salvo lo primero que se me vino a la cabeza era que, si con tanta intensidad se había sentido en Toluca, seguramente en la Ciudad de México había ocurrido una desgracia, “se cayeron edificios” pensé. Cuando regresamos a casa y puse las noticias, mi mamá revivía una pesadilla y yo estaba completamente congelada. Las dos quedamos sin esperanza cuando vimos como los edificios se derrumbaban.
Mientras transcurría la tarde, no podíamos creer todo lo que veíamos en las noticias. Mi mamá decía que era como regresar en el tiempo a 1985. Cuando llegó mi papá lloramos, los tres teníamos muchos sentimientos encontrados.
Me sentí la peor persona por haberle mentido a mi mamá una semana atrás. No pude dormir.
Los pocos días que estuve ayudando en la ciudad de México bastaron para quebrantar mi espíritu, el primer día estuvimos levantando escombro en la fábrica clandestina de textiles que se había caído, mientras estuve ahí me tocó ver el trabajo de los perros rescatistas de Toluca, encontraron a 3 personas durante mi turno, todos aplaudimos y no puedo describir la felicidad que sentía en esos momentos; pero al llegar a casa mi papá me rompió el corazón, estuvo al pendiente de las noticias todo el tiempo, sobre todo de la zona en donde yo estaba ayudando, las tres personas que encontraron ya estaban muertas. Dos noches sin dormir, llore en la regadera. ¿Por qué la gente es corrupta? ¿Por qué muere la gente?
Al día siguiente me toco revisar casas y entre tantas tuve que desalojar una, en conjunto con protección civil, a una señora que no paraba de llorar y me pedía que le dijera que su casa estaba bien. Me sentía sola quería regresar a casa a que mi mamá me consolará. Frida había regresado a Jojutla, su casa se cayó. Alan había intentado alcanzarla para ayudarla y apoyarla, pero por azahares del destino terminó en Tepalcingo. Me marcó y me dijo que se necesitaba mucha ayuda por allá, y yo necesitaba un abrazo de él y poder despejar mis emociones. Me fui a Morelos con el profesor Constantino y algunos compañeros de la ESIA; no podía dejar de abrazar a Alan en cuanto lo vi. Definitivamente el pueblo estaba destruido, después de ver todas las casas caídas era sorprendente y gratificante escuchar que no había habido ningún muerto. Me sentía mucho más útil y tranquila en Morelos que en la ciudad, trabajar con las brigadas del FONDEN era agotador, pero mantenía mi mente ocupada y mis pocos conocimientos se sintieron útiles e importantes.
Sin embargo, la responsabilidad que tenían nuestras palabras era inmensa, nosotros como estudiantes, éramos los únicos con conocimientos sobre construcción y fallas estructurales, cualquier cosa que decíamos era la verdad absoluta, aun si estábamos equivocados. Cargar con este peso da mucho miedo, por que estas hablando de la vida de las personas, de su patrimonio y de su futuro. ¿Todo lo qué estoy diciendo es correcto? ¿Está bien lo que me enseñaron? ¿Aprendí bien?

Cuando Alan me pidió que le ayudará a organizar las brigadas, jamás me imagine en todo en lo que me estaba metiendo. Fue la semana más cansada de mi vida, pero de mis mejores experiencias. Todo el día estábamos preocupados por unos o por otros, teníamos a 90 chavos a nuestro cargo, era demasiada responsabilidad. Todas las noches dedicábamos horas para poder hablar con todos los líderes, saber que los brigadistas estaban bien, que tenían en donde dormir, que les estaban dando de comer, que estaban trabajando, que las brigadas de FONDEN aceptaran la ayuda o no, que si hubo problemas con el gobierno municipal, en fin tratábamos de resolver todo lo que estuviera a nuestro alcance. Alan manejaba por los municipios en donde teníamos brigadas, no pudimos visitarlos a todos, pero estuvimos muy al pendiente.
En Ocuituco un judío muy generoso empezó a regalar muchísima madera para poder construir casas temporales. ¿Cuántos ingenieros arquitectos se necesitan para construir una casa de madera? Bueno pues 4 no fueron suficientes. ¿Por qué no puse más atención en mi clase de topografía? ¿Alguien sabe nivelar? Me siento tan tonta ¿Alguna vez me enseñaron a escuadrar? Que suerte tuvimos de que un albañil local nos tuviera la paciencia para poder enseñarnos lo que 4 ingenieros arquitectos no supimos hacer. Sabía que se tenía que hacer, pero no sabía cómo hacerlo. Estoy a punto de terminar la carrera ¿en verdad me merezco el título?
Se acabó la semana muy pronto, se acabaron las brigadas. Regresábamos a casa, pero la gente seguía necesitando de nuestra ayuda. ¿Hasta ahí se va a quedar nuestro esfuerzo? ¿No vamos a ayudar más? ¿Me necesitan más en la escuela o en Morelos?
Muchas de las casas que se cayeron no tenían por que haberse caído, los claros eran muy pequeños. La mayoría de la gente de Morelos práctica la autoconstrucción, pero no saben como hacerlo, solo lo hacen. ¿La autoconstrucción es mala?
Al volver a clases tuve muchas discusiones con mis profesores de terna, no dejaron que cambiará mi proyecto, y tampoco les interesaba una tesis sobre “casitas” en Morelos…. No son solo casitas, son familias sin hogar, es gente que se quedo sin nada, o que duerme en su patio temeroso por que no sabe en que momento se va a caer su casa, es gente tirando su hogar por que no saben que un muro divisorio con grietas no afecta para nada la estructura; pero los profesores no fueron a Morelos, no vieron lo que yo vi, no les dolió lo que a mí, nunca me van a entender.
¿Por qué estudie esta carrera? ¿Qué hago en esta terna? ¿Qué es arquitectura? ¿Una casa es menos importante que un museo, o una escuela, o una industria, o cualquier otro proyecto de mayores magnitudes? ¿Son usuarios o personas? ¿Mi opinión es igual de importante que la de las demás personas? ¿Por qué se fundo el politécnico? ¿En realidad estamos poniendo la técnica al servicio de la patria?

Yo soy politécnico porque ardo en deseos de despertar al hermano dormido.
¿La forma de hacer arquitectura que nos enseñan en la escuela es la única forma que existe?
Yo soy politécnico porque me duele la Patria en mis entrañas y aspiro a calmar sus dolencias.
¿Algún día podré ayudar a calmar sus dolencias?
Yo soy politécnico porque pongo la técnica al servicio de la patria.
¿Ing. Arq.? Ana Patricia Pastrana Mejía
Con esta carta se les dio la bienvenida a los alumnos del Taller de Arquitectura Participativa Emiliano Zapata. Un taller que se creó después de toda la coyuntura del sismo y en busca de una respuesta “académica” a todas las dudas que surgieron durante nuestra labor en las brigadas de apoyo en Morelos. El taller tenía como objetivo la creación de un grupo de estudio que buscaría concientizar la práctica profesional del ingeniero arquitecto, así como la apertura de un taller que analizaría las teorías del diseño participativo y encontrar sus diferentes aplicaciones tanto en espacios rurales como urbanos. El taller se desarrollo dentro de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura Unidad Regina con el apoyo de la ESIA Tecamachalco que reconoció al taller como una actividad extraescolar que otorgaba ciertos créditos para liberar materias electivas dentro del plan de estudios. Manejábamos una técnica que denominamos “bajarse del pedestal de profesor” en el taller algunos de los integrantes del colectivo Departamento Centro aún éramos alumnos, por lo que alumnos impartían el taller a alumnos, con la colaboración de varios catedráticos de la ESIA Tecamachalco. Pero no sólo se trataba de eso, nosotros como impartidores nos bajamos del pedestal para también aprender de los que tomaban el taller, rompiendo el papel de profesor – alumnos y crear un sistema de aprendizaje horizontal en donde todos compartíamos conocimiento. El abordaje de la arquitectura participativa conlleva una perspectiva teórico – filosófica, compleja y social, que necesita de la discusión y la realización de una pedagogía no perimetral, deconstructiva, valiente, libre y amorosa. Así que se inscribieron más de 90 alumnos con los que se fue trabajando durante todo el semestre desde febrero 2018 hasta junio-julio 2018. Se graduaron del taller alrededor de 30 alumnos que desarrollaron una investigación respaldada con una actividad practica de la aplicación del diseño participativo en diferentes rubros. Se realizaron de 4 investigaciones formales para la apertura de investigaciones BEIFI (PIFI). Y dos investigaciones independientes relacionadas al acompañamiento de las familias de Ocuituco para reconstrucción, y el análisis de los programas de gobierno de la ciudad de México: “Mejoramiento barrial” y “presupuesto participativo”.




Comentarios